Semiología médica ampliada (II)


 

Semiología Médica Ampliada (II)

Prof. Dr. R. C. Frenquelli

Práctica Médica y Campo Vincular

Facultad de Ciencias Médicas, UNR

 

Lunes 7 de julio de 2008

 

1-

 

Respecto a “libidinizar” y al rol de la “madre”

 

Decía en la clase anterior:

 

La Fisiología Humana encuentra en el Ambiente su par indispensable para la concreción de sus mecanismos. Ustedes habrán escuchado muchas veces, tal vez sin comprenderlo demasiado,  el término “libidinizar”. Pues bien, la madre, con su asistencia, “libidiniza” al niño, haciéndolo ingresar, allanándole el camino al desarrollo. La Fisiología se establece en lo Relacional Vincular.

 

 

Según el Diccionario de la Real Academia, libido significa “deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica”. Ha sido impuesto por Sigmund Freud, es muy corriente en el lenguaje psicoanalítico. No obstante su uso es actualmente de índole bien general. Es común su uso en la Medicina de todos los días; suele preguntarse por la “libido” a los pacientes, buscando conocer sobre su vida sexual; sabemos de ciertos estados donde hay una disminución de la libido, no ya solamente refiriéndose a lo sexual, si no también aludiendo al interés general, a la “energía”, que manifiesta un sujeto.

 

Para el Psicoanálisis, “libido” resulta una expresión con cierta complejidad, muy a la par de la Teoría de los Instintos. Una cuestión muy compleja para enfocar en detalle en esta clase. El lector interesado puede consultar el clásico Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis donde encontrará un extenso tratamiento del asunto. Precisamente en ese texto puede leerse en un tramo donde los autores aluden taxativamente a Freud en “Psicología de las masas y análisis del Yo”: “Libido es una expresión tomada de la teoría de la afectividad. Llamamos así a la energía, considerada como una magnitud cuantitativa (aunque actualmente no pueda medirse), de las pulsiones que tienen relación con todo aquello que puede designarse con la palabra amor”.

 

Debemos considerar al amor en su sentido amplio, incluyendo todas las tendencias instintivas que tienden a lo vital. A Eros. Sabemos de la fragilidad del infante humano, de su indefensión. De su necesidad de ser asistido para poder transitar sus primeros años de vida. De allí “libidinizar”. Es el amor de la madre, con su asistencia, la que permite al niño desarrollarse.

 

Cuando decimos “madre” decimos de aquella persona que naturalmente está equipada para asistirlo. Pero esto no significa que el padre quede de lado, ni mucho menos. Decimos “madre” pero debemos entender que esto supone un rol, una cierta función. Que bien puede ser desempeñada por otras personas del entorno. Deberíamos hablar de un “proveedor de cuidados”. Los ingleses tienen una linda palabra, “caregiver”. Nosotros no tenemos una palabra así. Y para no andar inventando, produciendo neologismos, decimos “madre”. Pero esto para nada niega al padre, el tío ni la tía. Ni a Juan ni a Juana; ni a Pedro ni a Piera.

 

Me han preguntado sobre este asunto sobre la madre. No se bien con qué intenciones. Por las dudas les digo que detrás del uso del término “madre” no hay ninguna intencionalidad “machista”, como tan burdamente suele plantearse desde ciertas posturas de la tan mentada “cuestión de género”. A mi juicio, no parece descabellado suponer que es la madre, sin comillas,  la que está naturalmente en mejores condiciones de atender al bebé.

 

Asistimos a ciertas posturas de corte ultra, como las de algunas corrientes culturalistas, que parecen dispuestas a relativizar que las mujeres tienen pechos, que se preparan durante el embarazo, que se llenan de leche a pocas horas del parto. Hasta este momento de la evolución, no parece haber señales de cambio inminente, los niños seguirán siendo paridos por mujeres. Por madres.

 

Está claro que esas madres viven con los padres. Tampoco parece posible generar un bebé sin algo del padre, al menos hasta que la clonación no sea un procedimiento reconocido por las mutuales. Y si este momento alguna vez  llega, el de la “clonación para todo el mundo”, creo que también seguiría en pié aquello de la función paterna. Lo mismo que la función materna. Que pueden ser ejercidas tanto por Juan como por Juana, en forma indistinta.

 

Por el momento, lo digo sin vueltas, creo que la Anatomía sigue siendo de algún modo destino. Al menos para cobijar un niñito durante nueve meses, parirlo, amamantarlo con sus propios pechos, sostenerlo. Viviendo la experiencia natural. Natural, volviendo una vez más al Diccionario, significa sin artificio ni composición alguna, espontáneo y sin doblez en su modo de proceder, regular, común, instintivo. Al menos en este punto, sigo pensando que algo tendrá que ver aquello de “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, tal como Freud escribiera en 1925. En este caso, apuesto a la diferencia.

 

Volviendo a “libidinizar”. Lo que quiero decirles, esto me parece más relevante que lo anterior, es que la Fisiología Humana se expresa y se desenvuelve en lo Relacional Vincular. Toda la Fisiología es así. Toda la Fisiología implica un constante intercambio con el Ambiente. Y el Ambiente de los hombres, supone, antes que nada a los otros hombres.

 

Sabemos de aquel Rey que quiso saber si los niños de su comarca nacían hablando espontáneamente el idioma de sus dominios. Todo un experimentador, dejó a varios recién nacidos en reclusión, recibiendo alimento sin ser hablados por nadie. Al no ser hablados no fueron acunados por la musicalidad de los sonidos y el afecto que ellos trasuntan. Tampoco por las miradas, por tantas otras sensaciones como las del tacto, el olfato, diferentes sonidos. Todos murieron. La privación sensorial y afectiva, no la del lenguaje en sí mismo – puesto que los bebés no se encuentran inicialmente en la posibilidad de descifrar la sintáctica y la semántica del mensaje - , hizo que no pudieran desarrollarse.  Eran  niños no libidinizados. El Rey se había quedado con toda la libido para él mismo. Y de esa forma, con la muerte. Libido es una palabra que se opone a muerte. Hay identidad entre Fisiología y Libido.

 

2-

 

Respecto al modo de observar y la Semiología Médica Ampliada:

 

Les ha llamado la atención lo detallado de la observación. Es conveniente tener en cuenta que la Dra. Negri es una Médica con larga trayectoria en lo suyo; conoce Pediatría, Neurología, es Psicoanalista…, y además lleva años observando bebés. De todos modos esto vale para Ustedes, que son Estudiantes. La Semiología debe ser practicada con mucha libido !!!. El Médico debe ser un gran observador, un gran recolector de datos. El preciosismo semiológico es una de las condiciones más valiosas de la Práctica Médica. Esta virtud, incomparable, va de la mano con la prolijidad, la paciencia, el detalle.

 

“Semiologen !!!”, decía mi Maestro de la Clínica, el Dr. Carlos A. Yelin. El inventó este término, una mixtura entre Semiología y Diálogo. Quería decir “hagan semiología”, “establezcan un diálogo”. Hay una clara identidad entre Semiología y Diálogo. No me estoy refiriendo solamente al diálogo mediado por el Lenguaje. Antes aclaraba que los niños habían muerto por privación sensorial y afectiva. No por ausencia de “palabras”. Esto no niega las palabras. Solo que antes que las palabras están las sensaciones, los afectos. Y cuando Ustedes palpan el hígado o la tiroides de un paciente están dialogando con él. También cuando lo miran, cuando le dan la mano, cuando lo invitan a sentarse. Diálogo supone “estar junto a otro”, “estar con otro”. Eso es la Semiología. Que se amplia, se hace Ampliada, cuando entra en resonancia con los niveles afectivos. Esos que permiten extender “el hígado” (con superficie, su borde, su consistencia, su sensibilidad al dolor, su movilidad con la inspiración, sus dimensiones) al paciente y su familia en el seno de la sociedad. Es allí donde encontramos el real sentido de la máxima hipocrática sobre la preferencia en conocer el “enfermo que tiene la enfermedad” y no la “enfermedad que tiene el enfermo”.

 

Pero hay mucho más sobre este asunto. Y es lo que tiene que ver con la Narratividad. Narrar, también según la Real Academia, es “contar, referir lo sucedido”. Usualmente referida a la Literatura, la narrativa suele unirse a lo ficticio, a la novela o el cuento. Volvemos entonces a Freud. Pues ha sido quien habló de la “novela familiar del neurótico”, buscando señalar que todas nuestras vidas – neuróticas vidas -, están siempre signadas por las pasiones. Nadie se escapa de los afectos. Y nadie, a poco que se sincere un poco consigo mismo, puede dejar de ver que su vida es una “novela”, un verdadero drama, donde la emoción va siendo el hilo conductor. Y si alguien me ve como un exagerado, no tiene más que abrir cualquier diario del día. Y asistirá a un fantástico universo tragicómico que llamamos las “noticias del día”, “la realidad”. Hay identidad entre Medicina y Literatura. Pero no en el sentido que suelen darle las inteligentosas Revistas que ponen a la Literatura como “complemento”. La Literatura, sí la de Cervantes…, es Medicina. No por que los médicos seamos émulos del Manco de Lepanto. Si no por que los Médicos, claro que en niveles mucho más modestos que los escritores, todos los días, con cada paciente, estamos frente a respetables novelas. No se pierdan esta dimensión de nuestra Práctica. Corren el riesgo de perderse, nada más ni nada menos, que a la misma Medicina. Cada Enfermo es un relator y un relato en si mismo. Cada Médico escucha un relato, mientras  transforma en un co relator. Hay que aprender a escribir esos relatos, que se llaman Historias Clínicas. La Historia Clínica es el vértice fundamental de la Práctica Médica.

 

El texto que he tomado de la Dra. Negri no corresponde a una Historia Clínica usual, como las que pueden encontrar en las Salas de un Hospital. Es más bien un “historial”, que no sigue las normas del instrumento corriente de nuestra práctica. Pero si ilustra, y de manera excepcional, lo que debe distinguir a una Historia Clínica. Que no es precisamente su aspecto formal. Si no la actitud. La actitud de la observadora es de profunda consideración a cada momento, a cada situación,  desde la postura de la boca o las manos, hasta las conversaciones que se van dando entre los diferentes participantes de la escena. Es allí donde hay que buscar el concepto de lo Ampliado. Donde el relato de lo psicomotor (movimientos, posturas, gestos del niño) quedan enlazados a todo el entorno. A lo contextual. A como se va dando una “danza” relacional, que va poblando de significado a todo el proceso. A todo el diálogo que se va dando, a todo lo comunicacional que se establece.

 

No es inoportuno volver una expresión del párrafo anterior: actitud. Que es la disposición, el ánimo del observador. Entendemos que el Trabajo de Observación de un Bebé es una magnífica ocasión para entrar en contacto con una experiencia que contiene todos los elementos básicos del futuro desempeño de Ustedes como Médicos. Lo mismo pienso de los Psicólogos, aún de los Educadores. Para “semiologar” hay que entrar en cierta “onda”, en cierta sintonía, modulando los afectos frente a quien estamos asistiendo. Asistir significa atender, acompañar, favorecer, ayudar, cuidar, curar, servir. Si, ser Médico implica asistir. Habrán escuchado aquello, volvamos una vez más a Freud, de la “asistencia ajena”, acorde a sus ideas en el “Proyecto de una Psicología Científica”, de 1895. Esa asistencia sin la cual no se puede darse el desarrollo del psiquismo.

 

3-

 

Respecto a la pregunta acerca de quién escribe, si un Médico o un Psicólogo…

 

Ignoro si estas líneas, con lo que va hasta ahora, han contribuido a despejar la duda. Prefiero en este momento, más que aclararles sobre mi identidad, hablarles un poco sobre Psicología y Medicina. Algo que los preocupa, de un modo u otro mucho. He seguido siempre con gran interés esta temática. Tanto en mis inicios como hoy en día, en tiempos del “nuevo plan de estudios”.

 

Voy a dar un pequeño rodeo para encarar el tema. Pensemos en un albañil; recordemos cuando está levantando una pared. Vemos que hace un pequeño dibujo, tal vez casi garrapateando con un palito sobre la tierra. Se vale de una Geometría elemental. Luego calcula la cantidad de ladrillos, cemento, arena y cal que necesitará. Se vale de una Aritmética simple. Una vez cavados los cimientos, donde ha tenido en cuenta algunas cuestiones de la Física, prepara la mezcla valiéndose de una Química, también elemental. Elemental, lo digo ahora mismo por las dudas, no significa poco contundente. El hombre sabe, conoce. Es un experto en levantar paredes. Lo hizo siempre, lo aprendió de sus mayores.

 

Bien. Ingresemos imaginariamente a cualquier consultorio, aquí mismo, muy cerca de nosotros, en este glorioso Hospital pronto a ser más Centenario que nunca. Encontramos a un Médico. Se vale de una Física y una Química, más o menos elementales, en pos de una Biología, mientras se comunica. Cuando digo se comunica, quiero decir que está frente a una persona, llamada Paciente, dándose un proceso bidireccional de codificación y decodificación. Intercambian mensajes. Se proponen, al menos en lo manifiesto, arreglar alguna cosa. Llamémosle Angina. El Médico se vale de una Psicología. Pero como están solos, pues anidan en una comunidad, se valen de consideraciones generales, de una explicación del dominio de la Socio Cultura.

 

Albañil y Médico, ambos como todos, se valen de diferentes dominios del conocimiento. Nadie diría que el Albañil es un Químico. Nadie diría que el Médico es un Psicólogo. No debemos confundir lo que estoy llamando “dominios”,  queriendo encerrar en cierto espacio a un sector del conocimiento, con las “prácticas”. La Psicología, antes que nada,  es una Ciencia que contribuye a las bases de la Práctica Médica. En cambio, ser Psicólogo, de profesión, es otra cosa bien distinta.

 

Yo escribo sobre Psicología. Como también lo he hecho sobre Fisiología del Dormir, sobre la Química de los neurotransmisores. Escribo hasta donde me de mi conocer. La Práctica Médica se nutre de diferentes dominios. Medicina es Psicología, como también es Sociología.

 

Les aclaré más arriba sobre la trayectoria de la Dra. Negri. Quise ponerlos sobre aviso de que se trata de alguien con un vasto recorrido. Pues bien, sin ánimo de falsas comparaciones, a mi me ha costado mucho tiempo llegar a saber en qué año Freud escribió el Proyecto, y mucho más, qué cosa dijo por allí. Ahora bien, les cuento que me ha resultado muchísimo menos que entender el Trayecto Inguinal o la Síntesis de las Aminas Simpáticomiméticas. Lo que si me ha costado mucho, no lo voy a negar, es qué relación tiene la obra de Freud con la adrenalina y la noradrenalina, con todo el Sistema Nervioso. Una de las cosas que sucede, haciendo la integración muy complicada, es que la gente se cansa cuando empieza a estudiar tanto. Y decide tirar por la borda alguno de los extremos. Y entonces hablan como “psicoanalistas” o como “médicos”. Y no queda lugar a dudas. Las identidades asentadas en la polarización disciplinar siempre son más fáciles de reconocer. Este es un gran problema de la Medicina actual. Que parece, irremediablemente, condenada a la fragmentación disciplinar. O lo que es peor a la fragmentación intradisciplinar. Ya hay especialistas en coagulación, “coagulólogos”. Hablé antes del Dr. Yelin; viene al caso lo que él contaba de su propio Maestro, el Prof. Dr. Juan Martínez. El “Ñato”, como le decían a éste, comentaba que “…a los clínicos no va quedando solamente el ombligo…”. Pues la uremia es para los nefrólogos, la glicemia para los endocrinológos, las plaquetas para los hematólogos (si el coagulólogo no anda por allí) y así todo. Martínez decía esto en los años 60. Imagínense Ustedes lo que les espera un poco más allá del 2010. Llegará el tiempo de los “ombligólogos” ?.

 

De todos modos, a no desesperar. Serán Médicos y se valdrán de lo que aprendan. Siempre de la mano de los Maestros de turno, según la gracia a la que puedan acceder. Por que Medicina se aprende siempre al lado de otro Médico. Y después se aprende al lado de los Pacientes. Y todos, nosotros, los Maestros y los Pacientes,  siempre vamos enteros. Con cuerpo y mente. Con la Física, la Química, la Biología, la Sociología y la Psicología. Con todo junto. Lo fragmentario choca contra la inexpugnable de la realidad, que es siempre unitaria. Por más que uno se fuerce en tratar de escindirla.

 

4-

 

Respecto a los Ciclos Ultradianos, Circadianos e Infradianos

 

Podemos hablar de Ciclos, también de Ritmos. Sabemos que el Sistema Nervioso Central trabaja en conjunto con el Sistema Endocrino. Tanto que es mejor hablar de Sistema Neuroendocrino. Las secreciones hormonales se producen en pulsos que tienen cierta ritmicidad, donde no solo debe tenerse en cuenta la cantidad de hormona liberada si no también la sensibilidad de los “órganos blanco”, de todos los elementos que componen un sistema de regulaciones en feed back, etc.

 

Se llaman ritmos ultradianos a aquellos que son de una duración inferior a las 24 horas, a un día. En cambio, aquellos ritmos que toman 24 horas se llaman circadianos. Suelen estar sincronizados por cuestiones ambientales, como el ciclo luz – oscuridad. El Núcleo supraquiasmático actúa a modo de “marcapasos”, recibiendo los impulsos de luz en la retina por el Haz retino hipotalámico. De allí hay un pasaje a la Pineal desde donde se ordenan las señales hormonales. Es muy conocido el ritmo circadito de la secreción del cortisol, una prueba que se usa para diagnosticar el Síndrome de Cushing, también las Depresiones Mayores (donde ese ritmo está manifiestamente alterado). Los ritmos infradianos, en cambio, tienen una periodicidad mayor de 24 horas. Es el caso del Ciclo menstrual, donde se supone que está implicada la influencia gravitacional  lunar.

 

Esto tiene que ver con el tema de la Cronobiología, de los Relojes Biológicos. Si bien inscriptos en la información genética, los constantes cambios que la Cultura impone hacen que puedan establecerse modificaciones.

 

5-

 

Acerca de la crianza, de la relación madre – bebé

 

Esta pregunta apareció de alguna u otra manera muchas veces. Ligada a la anterior, sobre los ritmos. He dicho:

 

Las grandes regulaciones fisiológicas se enlazan con lo relacional vincular. Es el soporte materno el que las facilita. Es la madre, con su asistencia, la que ayuda a su concreción.

 

 

Es evidente que los ritmos circadianos tienen que ver con el giro de la Tierra alrededor del Sol. No hay dudas que nuestro “interior” tiene que ver con nuestro “exterior”. Que nuestra organización biológica es de esencialmente sistémica. Que existe una sincronización, una “danza relacional”. Pues bien, no resultará complicado entender que el infante humano compone con su ambiente humano otro sistema, con complejas interacciones, donde desde el vamos es preciso que se establezcan mutuas relaciones. El bebé viene equipado desde la plantilla genética para “encajar” en un red de interacciones que le permitirán su desarrollo, junto al de los otros. El bebé es altamente dependiente, pero para nada pasivo. Desde el vamos busca prolongarse en los otros como manera de sobrevivir primero, de vivir después. Entiendo por sobrevivir mantener las constantes anatomo fisiológicas mínimas; entiendo por vivir la posibilidad de acceder a transformaciones que le permitan alcanzar un cierto recorte con el ambiente, siendo uno mismo, accediendo a lo singular, a ser “uno mismo”. Sobrevivir primero, luego vivir. Dos cosas que son diferentes.

 

La Fisiología tiene que ver con la función. Y la función tiene que ver el medio para el logro de un fin. Sobrevivir y vivir son dos finalidades. La madre, con su asistencia, permite que el establecimiento de las grandes regulaciones fisiológicas, su acompasamiento, si Ustedes quieren su “musicalidad”. Por eso, no sin acierto, se habla de “danza relacional”, de “sintonía relacional”. Estas expresiones no son mera poesía. Sabemos hoy de la existencia de las Neuronas Espejo, que no son otra cosa que enlaces sensoriomotrices corticales que nos tornan aptos para hacer ingresar a los otros a la intimidad de nuestra trama neuronal, base de los comportamientos.

 

6-

 

Sobre la Angustia:

 

La Angustia es una emoción que bien puede considerarse el motor de la vida. Sin ella estaríamos “liquidados”. No debemos confundir Angustia con el caos emocional, propio de estados cercanos a la extinción del comportamiento, del desvalimiento y  muerte. La Angustia opera como señal capaz de buscar la acción transformadora. La madre experimenta angustia ante su niño. El niño la ha expresado con su llanto, su lenguaje particular para expresar “aquí estoy !!!”. El llanto no es un reflejo. Es todo un comportamiento que conlleva, como todos los comportamientos, un conjunto de reflejos más o menos coordinados. Con el tiempo el niño va ampliando su repertorio de llantos. Hay diferentes tipos de llanto: el de dolor, de hambre, por miedo. La madre y el niño, empáticamente, entre ambos, van logrando afinar, como una orquesta, buscando establecer las claves para una mejor interpretación del tipo de llanto. Las grandes Enfermeras también lo saben. Pueden distinguir, pueden hacer una verdadera semiología del llanto.

 

En el caso expuesto, a los pocos días del encuentro entre Simón y su madre, no hay aún una buena codificación y decodificación de los mensajes. Es algo lógico, esperable. La madre “no sabe qué hacer” para satisfacer al niño. Se siente inútil. No tolera la Angustia del niño y lo levanta cada rato, le pregunta, se desespera.

 

7-

Algo más sobre Semiología Ampliada:

 

El Médico puede ser una “madre ansiosa”, sin capacidad de espera. Son los Médicos que le “tapan la boca” al paciente. Ya  sea con preguntas a modo de “interrogatorio policial” – generalmente con palabras que el Paciente entiende poco y nada - , dándole rápidamente órdenes o medicación. O simplemente, no escuchándolo, sin darle tiempo. Para contradecir aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”, un dicho muy usado en esta Facultad, les diré que yo tuve un Profesor, titular de una materia que como todas era muy importante, que nos decía que cuando el paciente nos hablaba había que “hacer vida interior”. Es decir, lisa y llanamente, no llevarle el apunte. Otro, algo menos vulgar, siempre trató de convencerme que cuanto menos supiera de los antecedentes de un paciente, él estaría en mejores condiciones de interpretar una imagen; le molestaban las palabras.

 

El Trabajo de Observación es una ocasión para aprender a doble vía. Una, viendo en acto la relación primordial, madre – bebé; otra, experimentando nuestra ansiedad ante la tarea concreta, como observadores. Para poder metabolizar el trámite están los grupos de reflexión, coordinados por gente experta. Que están para allanar el camino a la comprensión, no como “semi mudos” supuestos “facilitadotes”. El rol de la coordinación de un grupo, con las mejores intenciones de la pedagogía, consiste en ser – de alguna manera – “una madre suficientemente buena”. Cuando un niño llora, léase cunado un Estudiante no entiende, el coordinador del grupo debe actuar. Y si es necesario debe explicar. Se supone que un coordinador de grupo conoce mínimamente el tema que se está trabajando. Como también se supone que una madre está suficientemente equipada para asumir su rol. Es cierto que el rol de madre se completa con el rol del niño. Que juntos conforman la “música” de la vida. Pues bien, mutatis mutandis, también es cierto que el Estudiante debe ser activo, debe estudiar. Pero hay un punto donde el Profesor debe actuar,  poner sobre la mesa sus conocimientos. Entonces la “música” de esta clase se arma entre todos. Sin vuestras preguntas no hubiera sido posible. Ahora vendrán nuevas preguntas. Y así sucesivamente. En el caso de los Docentes, “hacer el muerto” al estilo de algunos Psicoanalistas ultralacanizados, aquellos que sólo contestan un lánguido “aja…”, me parece una burda caricatura de una supuesta tendencia pedagógica.

 

Siguiendo con las comparaciones: esto no quiere decir que el Médico deba comportarse como una madre ansiosa. Y hablar más que el Paciente. Como dije antes, “taparle la boca”. Pero en todo caso, siempre es mejor una madre ansiosa, en el sentido de lo alguno de Ustedes plantea en las preguntas, que una madre totalmente ausente, lisa y llanamente. La ansiedad, la angustia (aquí uso estos términos como sinónimos), debe ser el motor del juicio, del razonamiento. Sin ella, sin su base, no hay nada posible. Es conveniente respetar, aprender a respetar, los turnos de las emisiones del Paciente. Saber reconocer el momento cuando es preciso preguntar o repreguntar. El valor del relato espontáneo del Paciente es incalculable. Es posible que en los primeros minutos de una entrevista médica podamos escuchar casi lo fundamental para un diagnóstico elemental. Pero hay que darle tiempo al interesado. Y si ese relato espontáneo, aquel que se da sin mediar preguntas nuestras, no aporta precisión focal para el diagnóstico, seguramente tendrá valor para hacer otros diagnósticos de nuestro paciente. Sabremos mucho más de su vida, sabremos donde aloja la Enfermedad. Conoceremos sobre el Enfermo que la padece. Y de yapa, esta actitud de escucha, aportará al tratamiento. Al sentirse empáticamente atendido se sanará más pronto. Volverá a la consulta. Entenderá, inclusive, nuestros yerros. La mayor parte de los juicios de mala praxis sobrevienen por mala atención de los aspectos relacional vinculares. La gente no se fija tanto en “lo que sabemos”. Se fija mucho en “quién y cómo somos”.

 

8-

 

Sobre el dormir y el soñar:

 

Este niño pasará varios meses durmiendo casi un 80 %  del día. De esa cifra, entre un 40 y un 50 % será del denominado sueño REM (Rapid Eye Movements). Es el sueño de los movimientos oculares rápidos. Hacia el final de la adolescencia alcanza un 20-25 %. En los viejos solamente ocupa un 15 % del dormir. Es durante el sueño REM cuando se producen los sueños. Si despertamos a un adulto en medio del REM, cuenta un sueño. No sucede lo mismo en las otras fases del dormir.

 

Una cosa es el dormir, otra el soñar. Se sueña en los períodos REM, que se suceden varias veces durante la noche. Es la libidinización a la que hacíamos referencia, con su función de sostén, de “holding”, la que hace que el niño vaya organizando sus ritmos, donde el dormir y el soñar adquieran su sentido restaurativo, separando bien la vigilia del reposo. Esto está en la base, en los cimientos, de la constitución del Aparato Psíquico. El niño logrará replegarse al dormir, abandonando la estimulación sensorial externa, para entregarse al descanso, con la certeza que al despertar, nuevamente,  volverá a encontrarse con su madre. Se desliga del ambiente en la convicción de que volverá a reunirse luego.

 

El contenido de los sueños de un bebé, como también de un feto (pues el sueño REM se da en la vida intrauterina), no es accesible para nosotros. Al menos por ahora. Nosotros asistimos al sueño contado, recién posible en un niño en posesión del Lenguaje. Pero nada impide pensar que el sueño tiene su motor en el deseo que recorriendo nuestras redes de memoria, vaya enhebrando una trama de sentido, entendible al modo de “La interpretación de los Sueños”. Para el lector interesado puedo recomendar la obra de Mark Solms, un neurólogo y psicoanalista británico, autor de de “Neuropsicoanalisis. Introducción a una Neuropsicología profunda”.

 

Contrariamente a los que suponen que el sueño carece totalmente de sentido, y que en el mejor de los casos, al ser contado es “compaginado” buscando lograr un mínimo argumento, Solms intenta – no sin elegancia – compatibilizar las ideas de Freud con los desarrollos neurocientíficos.

 

Freud ha planteado que el deseo es el motor del sueño. Supongamos el caso de los “sueños de comodidad”. El durmiente ha percibido algunos indicios de que se acerca la hora del despertar (ruidos y luz ambiente, señales corporales como plenitud vesical, hambre, etc.). Sueña que se encuentra pasando Sala en el Hospital, discute un caso con sus compañeros. De hecho, para el caso del soñante, ya se ha levantado, ha orinado, se ha desayunado, está trabajando lo más campante. Todo esto dicho de una manera bastante simplificada, claro está. Pero vemos cómo la fuente motivacional llamada deseo ha logrado un producto con cierta inteligibilidad. Los sujetos con lesiones ventromediales frontales carecen de fuentes del comportamiento “curiosidad-interés-expectativa”, dicho de otra manera, de lo “apetitivo-instintivo”. Estas personas no tienen actividad onírica.

 

Freud acertó una vez más cuando dijo que “el sueño es un despertar que comienza”. Si bien el soñante tiene clausuradas las salidas motrices periféricas, la actividad cerebral es comparable a la del sujeto despierto. De allí la denominación de “sueño paradojal”.

 

Dejemos aquí. No sin antes decirles que estas ideas sobre el sueño REM no se contradicen con otras hipótesis que vinculan el REM con procesos restaurativos, en busca de organizar las redes neurales. De allí que el bebé pase mucho tiempo en esta actividad. Debemos pensar, como siempre, más que en diferencias insalvables, en teorías complementarias. Y eso, sin dudas, tiene que ver con lo Interdisciplinar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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